Un vídeo de evento no debería limitarse a documentar lo que ocurrió. Debería servir para seguir comunicando cuando el evento ya ha terminado.
Es la pieza que mantiene vivo el evento cuando el espacio se vacía, cuando ya no queda nadie allí y cuando el contexto original ha desaparecido. Y, sin embargo, muchos vídeos de eventos no cumplen esa función.
Cuando un vídeo de eventos no funciona, el problema rara vez está en la grabación o en los medios técnicos. Casi siempre está en cómo se ha planteado desde el inicio. El resultado suele ser una pieza difícil de reutilizar, que no se entiende fuera del contexto del evento o que llega cuando el impacto ya se ha perdido.
En este artículo repasamos algunos de los problemas más habituales en vídeos de eventos y explicamos por qué aparecen cuando el planteamiento no es el adecuado.
Si quieres entender antes cómo se trabaja un vídeo de evento desde una perspectiva profesional, puedes leer este artículo sobre cómo se planifican, se graban y se montan los vídeos de eventos.
El vídeo no funciona en redes ni en canales digitales

Uno de los problemas más habituales es que el vídeo no encaja en ningún canal. Es demasiado largo, arranca lento o no está pensado para consumirse en entornos digitales.
Esto suele ocurrir cuando el vídeo se concibe como un recuerdo completo del evento y no como una pieza de comunicación. El resultado es un contenido difícil de adaptar y con poco recorrido cuando se intenta reutilizar.
Cuando el planteamiento es correcto, el vídeo se define desde el inicio en función de su uso real. Pensar en duraciones, ritmos y estructuras que funcionen tanto en web como en redes permite que el vídeo se adapte con naturalidad a distintos canales, sin depender de recortes forzados al final.

Parte de este problema tiene que ver con no haber pensado el formato desde el inicio. Muchos vídeos de eventos se graban únicamente en horizontal, sin tener en cuenta que después deberán convivir en distintos contextos de consumo.
Cuando el planteamiento es correcto, se anticipa cómo y dónde se va a ver el vídeo. Esto implica pensar en planos, encuadres y composiciones que puedan funcionar tanto en formato horizontal como vertical, sin comprometer la coherencia de la pieza principal.
No se trata de grabar dos veces lo mismo, sino de tomar decisiones durante el rodaje que permitan adaptar el contenido a distintos formatos de forma natural, evitando recortes forzados o versiones que pierden sentido en redes y plataformas digitales.
Falta de contexto para quien no asistió al evento
Otro problema frecuente es que el vídeo solo funciona para quienes estuvieron allí. Para el resto, las imágenes no aportan suficiente información ni contexto.
Esto ocurre cuando se da por hecho que el espectador ya sabe qué tipo de evento es, quién participa o por qué es relevante. El vídeo muestra momentos, pero no explica nada.
Cuando el vídeo se plantea correctamente, se identifican desde el inicio las claves que necesita alguien que no asistió al evento. A veces basta con una introducción clara, una selección concreta de momentos o una estructura que ayude a entender qué estaba ocurriendo y por qué era importante.
Todo depende de una única entrega
En eventos, el tiempo es un factor crítico. En muchos casos el vídeo se entrega cuando el momento ya ha pasado y el contenido ha perdido impacto.
Esto no suele deberse a la edición en sí, sino a no haber integrado los tiempos de entrega en el planteamiento del proyecto. Cuando el vídeo se considera algo secundario, todo su valor queda concentrado en una única entrega final.
Cuando se trabaja con criterio, el tiempo forma parte del proyecto desde el inicio. En algunos casos se plantea una pieza breve o un micro-teaser que se entrega poco después del evento y mantiene viva la conversación, anticipando la publicación del vídeo principal y evitando que todo el impacto dependa de una sola fecha.
El vídeo no tiene una función clara
Es habitual que, tras la entrega, el vídeo no tenga un recorrido definido. Se envía, se guarda y no se integra en ninguna acción posterior.
Esto ocurre cuando el vídeo se trata como un entregable final y no como una herramienta de comunicación. Sin una función clara, pierde valor rápidamente.
Cuando el enfoque es el adecuado, el uso del vídeo se define antes de grabar, como ocurre en un servicio de vídeos de eventos planteado desde una perspectiva profesional.
No se transmite la dimensión real del evento
En algunos casos, el vídeo no consigue reflejar la escala, la energía o la relevancia real del evento. Para quien lo ve después, el impacto parece menor de lo que fue en realidad.
Esto suele ocurrir cuando el enfoque audiovisual no tiene en cuenta qué hace especial ese evento concreto: su público, su ritmo, su contexto o su atmósfera. El vídeo muestra momentos, pero no transmite la experiencia.
Cuando el planteamiento es correcto, el enfoque se adapta para reflejar esa dimensión real, seleccionando qué mostrar y cómo hacerlo para que el evento se perciba tal y como fue vivido.
Cómo lo hacemos en Maldito Studio
En Maldito Studio planteamos los vídeos de eventos como piezas de comunicación con un objetivo claro. Antes de grabar analizamos el tipo de evento, a quién debe llegar el vídeo y cómo se va a utilizar después.
Este planteamiento nos permite anticipar problemas habituales, definir formatos y tiempos de entrega realistas y llegar a postproducción con un material pensado para funcionar. Así, el vídeo no se queda en un recuerdo puntual, sino que se convierte en una pieza con recorrido más allá del propio evento.
Ejemplo de vídeo de evento

Un ejemplo de este enfoque es la Gala Fero 2024, donde el vídeo se planteó desde el inicio como una pieza pensada para explicar el contexto y el impacto del evento más allá de la propia gala.
El vídeo no se concibió como un simple registro, sino como una herramienta de comunicación con recorrido posterior, capaz de transmitir el propósito del evento y su dimensión más allá del propio día. Puedes ver el proyecto completo aquí: Gala Fero 2024.
Cuando el evento termina, el vídeo empieza a funcionar
Un evento ocurre una vez. El vídeo es lo que permite que siga comunicando después.
Cuando un vídeo de eventos no funciona, el problema no está en grabar más ni en añadir más recursos técnicos, sino en no haber definido desde el principio qué debe comunicar, cómo se va a utilizar y durante cuánto tiempo debe funcionar.
Plantear el vídeo con criterio permite evitar la mayoría de estos problemas: llegar a tiempo, adaptarse a distintos canales, transmitir el contexto real del evento y convertir la pieza en una herramienta de comunicación con recorrido más allá del propio día.
Si quieres ver más ejemplos de cómo planteamos y producimos este tipo de piezas, puedes consultar nuestros proyectos de vídeos de eventos.